— Te quiero Lulavi.
—Ya lo sé, y eso es lo malo. Es una equivocación que siempre has cometido pretendiendo domar a un ser salvaje. Siempre venías con algo salvaje a casa. Una vez un halcón con un ala colgando y otra vez un gato montés con la pata rota, ¿recuerdas?
— Cariño, escúchame.— No entregues nunca tu corazón a un ser salvaje porque, si lo haces, más fuerte se vuelve hasta que tiene la suficiente fuerza para volver al bosque o volar hacia un árbol y luego a otro más alto hasta que desaparece.
—Ya lo sé, y eso es lo malo. Es una equivocación que siempre has cometido pretendiendo domar a un ser salvaje. Siempre venías con algo salvaje a casa. Una vez un halcón con un ala colgando y otra vez un gato montés con la pata rota, ¿recuerdas?
— Cariño, escúchame.— No entregues nunca tu corazón a un ser salvaje porque, si lo haces, más fuerte se vuelve hasta que tiene la suficiente fuerza para volver al bosque o volar hacia un árbol y luego a otro más alto hasta que desaparece.
No fue el primer clásico que vi, pero sí fue la película con la que me empecé a aficionar al cine antiguo. Hace muchísimo que la vi y descubrí este fragmento entre los borradores de mi otro blog (el cual podéis visitar pinchando aquí) así que no puedo deciros más que mereció la pena verla.

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