«¿Y si me perdono a mí misma? ¿Y si me arrepintiera?
Pero si pudiera volver atrás en el tiempo,
no haría nada de forma distinta. [...]
¿Y si todas esas cosas que hice me trajeron aquí?
¿Y si nunca fui redimida? ¿Y si ya lo estaba antes?»
A veces no hay nada más difícil que asumir nuestros errores y afrontar sus consecuencias. Al fin y al cabo, cuando los errores son de otro todo resulta extremadamente sencillo a la hora de hacer una crítica. Pero, ¿realmente cambiarías algo de tu pasado? Imagina un mundo en el que pudieras volver atrás a tu antojo. Jamás te equivocarías, ni tropezarías nunca con alguna piedra de tu camino. ¿Para qué cometer una locura si luego la vas a volver a deshacer? ¿Qué sentido tendría entonces realizarlo? Hace tiempo que dejé de regir mis pasos según los impulsos que me asaltaran en cada situación y, sin embargo, hay ocasiones en las que creo que debí haber hecho caso a esa vocecita interior que quiere tomar la iniciativa y desatar las cadenas que retienen mi irrefrenable ímpetu. Tal vez la vida consista en eso, en encontrar un equilibrio entre vehemencia y cordura.
Creo que hay películas que llegan a tu vida por alguna razón y en el momento exacto en que debes verlas. Ésta es una de ellas y, si lees su sinopsis y no sientes que tienes que verla, te recomiendo que esperes a que llegue el día en que de repente vuelva a tu memoria y te apetezca darle al play.
Feliz semana y hasta la próxima.

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